domingo, 16 de marzo de 2014

El prestigio de una profesión


Cuando hablamos de prestigiar una profesión hablamos de trabajo duro. Conseguir que la sociedad valore un trabajo no es fácil y mucho menos si hablamos de la peluquería o la barbería.
Hablar de estos oficios implica retroceder hasta el comienzo de las civilizaciones, ya que el cuidado del cabello y de la estética tiene unas raíces muy profundas como seres humanos, pero esto lo dejaremos para otro artículo.

Lo que en mi interior quiere salir como un grito desesperado es el orgullo que siento por ser peluquera.

Escogí esta profesión a temprana edad y me apasiona. He podido formarme profesionalmente en diferentes salones, he sido asesora de belleza para una multinacional y he trabajado como formadora en una gran compañía, por lo que he tenido la suerte de visitar salones de toda la península, conocer a peluqueros con multitud de perfiles diferentes y si algo he aprendido es el esfuerzo que requiere nuestra profesión.

Admiro profundamente a todos y cada uno de los peluqueros y barberos de este país porque han sido valientes, han creado sus negocios brotando de ellos su alma y han trabajado muy duro para superar toda clase de crisis económicas y de valores que ha sufrido España. A partir de este párrafo solo utilizaré un término pero esto va también para las barberías y barberos!!

Por ello quiero pedir disculpas de antemano por si alguien se siente ofendido con las palabras que voy a escribir a continuación ya que nacen con el espíritu de construir y no de lo contrario.

Mi experiencia me ha enseñado que, por desgracia, la peluquería es el último rincón para muchas balas perdidas que no quieren estudiar. Existen empresarios que se dedican a explotar a sus empleados con horarios interminables, exigencias ilimitadas por un salario ridículo. El sistema educativo permite que obtengan el título personas que no están preparadas y a las que con un poco de ayuda económica no les importa abrir su propio salón sin otro objetivo más que el de reventar precios y ofrecer un mal servicio.

Estos factores y alguno que otro más han favorecido a que la opinión y el valor de nuestro trabajo sea el que es.

Con ello no quiero aportar una visión pesimista del sector, pero creo que no hay más ciego que el que no quiere ver y no hablar de los problemas no nos permitirá crear soluciones.

Soy una fiel convencida de que si queremos prestigio debemos comenzar con la formación; debe ser más intensa y más estricta. Más teoría, más práctica e incluso una selección previa de los estudiantes. En la facultad de derecho no entra todo aquel que dice querer ser abogado.

A los empresarios les pediría que cuidasen a sus empleados. La mayor parte de nuevas peluquerías que he conocido han abierto las puertas debido a que no encontraron un salón donde trabajar no se asemejase tanto a la esclavitud.

Y la más importante y el motivo de este artículo; mejoremos nuestra autoestima como profesionales.
Trabajamos muchas horas bajo la responsabilidad de mantener y mejorar la imagen de nuestros clientes. 
Confían en nosotros uno de los aspectos más valiosos de sus vidas y respondemos con profesionalidad y calidad.

No somos unos ignorantes que no sabíamos qué hacer con nuestras vidas, algunos empezaron perdidos pero ahora adoran nuestra función en la sociedad y son de los mejores barberos o peluqueros que conozco, pero aquel que no ame la profesión debería finalizar su experiencia y cambiar de sector. Siento ser así de dura, pero así lo creo.

Se distinguen tan perfectamente aquellos apasionados profesionales en sus tocadores de los que ocupan un puesto para ganar algo de dinero que asusta. Y esa pasión en ocasiones se pierde por una mala gestión de los recursos personales.

El prestigio en una profesión va acompañado del factor económico, una hora en el psicólogo está a 60 euros, el doctor cobra lo que quiere en su consulta porque valora que esa debe ser su remuneración por sus conocimientos. Los mismos clientes que racanean un euro en el salón no rechistan cuando compran un iphone, se van de vacaciones o van a un restaurante. Nuestro sector se ve afectado por la continua desvalorización de nuestros servicios, una lucha a muerte por ofrecer el precio más económico. Me pregunto qué pasaría si invirtiésemos esa energía en luchar por ofrecer la mayor calidad y el mejor servicio a un precio justo.

Los tiempos han cambiado, nosotros hemos cambiado. Asistimos a constantes formaciones, invertimos dinero y tiempo en mejorar nuestra profesionalidad, buscamos los mejores productos, conocemos el cabello mejor que nadie y debemos empezar a exigir que se nos valore por ello.

Basta de permitir que los clientes dirijan nuestros salones y nuestras estrategias comerciales, es hora de coger las riendas y pegar un golpe en la mesa. Exigimos al gobierno que vuelvan al 8% y no hemos sido capaces de incrementar a nuestros clientes ese 21%; por si los perdemos. Dejemos de ver por el bolsillo de los demás, por las estrategias de los demás y comencemos de cero.

Cree en ti, en tu profesionalidad y en tu proyecto y lucha por ello. Al principio no será fácil pero a la larga tendrá sus recompensas.

Si tu cliente busca un precio económico, no te interesa, porque tú no ofreces precio! Ofreces una experiencia, tu saber hacer y tu profesionalidad. Todos sabemos cuánto cuesta que un fontanero o un mecánico pasen por nuestras vidas, no deberíamos acomplejarnos por exigir respeto por lo que realmente vale nuestro trabajo.

¿Y cuánto vale mi trabajo? Eso queridos amigos tiene una difícil respuesta, ya que está en vosotros. ¿Con que producto trabajas? ¿Cuál ha sido tu formación? ¿Te sigues reciclando? ¿Qué ofreces en tu salón? ¿Tu cliente queda satisfecho? ¿Dónde está situada tu peluquería? ¿Inviertes en marketing? ¿Cuántos empleados tienes? ¿Cuánto cuesta tu alquiler? ¿Y tus gastos? ¿Cuánto quieres ganar?

Exige un alto grado de auto-crítica, y quizás nos bajemos de golpe del pedestal en el que creíamos que vivíamos, pero es bueno analizar bien lo que nos pasa, lo que sucede en nuestro salón e invertir tiempo en mejorar nuestras debilidades para volver más fuertes que nunca!
No significa que todos tengamos que crear peluquerías de lujo, simplemente una mejora en nuestro salón puede permitirnos subir los precios y a la vez ganar clientes. 


El problema en muchos casos es que hemos abierto las puertas de nuestros negocios sin pensar, sin haber hecho un estudio de mercado previo, sin fijarnos unas metas a nivel empresarial, sin un plan de marketing, sin saber lo que es el sell in y el sell out, como optimizar el tiempo o mejorar la relación de nuestros equipos. 

Muchos de los que leáis estas palabras abriréis los ojos como platos y es que esta es otra realidad. La mayoría de las peluquerías no tienen un empresario detrás, sus dueños llenos de sueños se aventuraron sin más conocimientos que los técnicos y sin ayuda de nadie han toreado las inclemencias que cada año nos azotan.

Por eso creo que ha llegado el momento de dar un paso más como profesionales, seguir estudiando, seguir preparándonos y abrir la mente al mundo empresarial, a la publicidad y a la venta, es nuestro deber no dejar de formarnos a todos los niveles.

Mejoremos desde como atendemos el teléfono, la gestión de la caja, el sistema de recepción, los servicios, la atención al cliente, la música, el seguimiento de nuestro trabajo con nuestros clientes. El mercado nos ofrece millones de alternativas, simplemente tenemos que estar abiertos a probar diferentes soluciones a nuestros problemas. ¿Como esperas obtener una diferente respuesta, si siempre haces la misma pregunta?

Si estás leyendo estas palabras, si sientes que algo no va bien en tu negocio y aspiras a más. Pide ayuda, consejo a quien te lo pueda dar, asesórate y busca toda la información posible. Quizás solo tienes que cambiar de local, a lo mejor solo con cambiar la pintura de tus paredes es suficiente para volver a empezar, pero si lo haces; hazlo bien.

Sé que da miedo. Pero debemos salir de la tan famosa área de confort.

Qhair es un proyecto muy interesante en el que podéis buscar ejemplos de éxito, Facebook nos permite relacionarnos con profesionales del sector dispuestos a unir y a compartir. Hay mucha gente trabajando duro para prestigiar la profesión. Sigamos sus pasos y entre todos lo conseguiremos. Os propongo un pequeño paso para mañana por la mañana;
Mírate al espejo, levanta la cabeza y con orgullo dí ; soy peluquer@ y adoro mi profesión.

Y después de plasmar mi opinión; yo lo grito!
ESTOY ORGULLOSA DE SER PELUQUERA!!!! Aunque a mi madre le hubiese encantado que saliera abogada!


Gracias por leer mis palabras! A seguir creando y compartiendo!

Esta va por vosotros!!!

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